Cada 30 de agosto se conmemora el día de Santa Rosa de Lima, la primera santa de América y patrona de Perú, del continente americano y de las Filipinas. Nacida en Lima en 1586 con el nombre Isabel Flores de Oliva, fue conocida por su profunda fe, su vida austera y sus obras de caridad en favor de los más pobres. Fue canonizada en 1671 por el papa Clemente X, convirtiéndose en la primera santa nacida en el continente americano.
¿Por qué se la recuerda hoy?
La fecha del 30 de agosto corresponde a la conmemoración litúrgica establecida en honor a Santa Rosa. En Perú, su país natal, este día es feriado nacional en reconocimiento a su devoción y legado religioso.
Además, Santa Rosa marcó un hito en la historia de la Iglesia: en 1671, el papa Clemente X la canonizó, convirtiéndola en la primera santa nacida en América en ser reconocida oficialmente por el Vaticano. Su figura se convirtió en símbolo de fe para todo el continente y reforzó la identidad católica en el Nuevo Mundo.
El mito de la tormenta de Santa Rosa
En Argentina y Uruguay, el día de Santa Rosa está asociado a un fenómeno meteorológico particular: la llamada “tormenta de Santa Rosa”. La tradición popular sostiene que, alrededor del 30 de agosto, suele desatarse una fuerte tormenta.
Este mito tiene raíces históricas: según relatos, en 1615 Lima se encontraba amenazada por piratas holandeses. Rosa de Lima rezó intensamente pidiendo protección y, en ese momento, una gran tormenta dispersó a los invasores, evitando la invasión de la ciudad. Desde entonces, el fenómeno quedó vinculado a la santa.
¿Siempre hay tormenta?
El Servicio Meteorológico Nacional aclara que no existe una certeza científica que garantice tormentas en torno al 30 de agosto. Lo que sí ocurre es que, en esta época del año, se registra un cambio estacional entre invierno y primavera, lo que incrementa la inestabilidad atmosférica y la probabilidad de lluvias y tormentas en gran parte del Cono Sur.
De esta forma, la “tormenta de Santa Rosa” combina memoria histórica, tradición religiosa y fenómenos climáticos propios de la transición de estaciones.