Un nuevo mapeo sobre la participación femenina en las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (Stem, por sus siglas en inglés) muestra una paradoja: las mujeres argentinas son mayoría en la matrícula universitaria de estas carreras —llegaron al 85 por ciento entre 2012 y 2021—, pero solo representan el 37 por ciento en la práctica profesional.
La investigación de la organización Mujeres en Tecnología (MET) expone el desfasaje entre la formación y la inserción real en el sector. Especialistas advierten que no se trata de falta de vocación, sino de entornos hostiles y sesgos de género que desalientan su permanencia y crecimiento.
Sesgos desde la infancia
Para Soledad Salas, directora de MET, la brecha se explica por factores “estructurales, organizacionales e individuales”. Desde la infancia, señaló, las niñas reciben mensajes que condicionan sus elecciones y limitan la confianza en sus capacidades para la matemática y las ciencias. “Ya en primer grado hay un trato diferencial hacia las niñas, que terminan creyendo que no son buenas para estas áreas”, advirtió.
A esto se suma la carga cultural de los roles de género: “Se espera que las mujeres sean amables y serviciales. Cuando son determinadas, se las considera agresivas, mientras que en los varones se valora como liderazgo”, explicó.
El “embudo” hacia la vida profesional
El investigador Juan Martín Argoitia coincidió en que la baja participación femenina responde a una cadena de factores: crianza, juegos, usos tecnológicos en la adolescencia y una socialización diferenciada que moldea intereses y oportunidades. El resultado, dijo, es un “embudo” que expulsa talentos en cada etapa de la trayectoria.
En el ámbito laboral, la inserción también es desigual. Un estudio de Fundar muestra que más del 50 por ciento de los varones ocupan roles técnicos (programadores, desarrolladores, especialistas en ciberseguridad), mientras que las mujeres se concentran en tareas de apoyo, diseño o gestión de proyectos, con menor salario y visibilidad.
Hostilidad y síndrome de la impostora
Según las especialistas, en universidades y empresas persisten burlas, comentarios sexistas, menosprecio técnico, brecha salarial y acoso. “Las mujeres quieren estar ahí, el desafío es transformar los entornos que funcionan como filtros invisibles”, sostuvo la antropóloga Agustina Kupsch, fundadora de Panóptico Cultural.
En esa línea, la abogada Moira Goldenhörn describió la situación como una “tubería con fugas”: el talento está, pero el sistema lo expulsa antes de consolidarse. Además, mencionó el “síndrome de la impostora”, esa sensación de no estar a la altura aun con títulos y experiencia, que alimenta la inseguridad en comparación con los varones.
El rol del Estado y las redes
Los especialistas coinciden en que el Estado debe jugar un papel central, coordinando programas de estímulo a las vocaciones desde la infancia, estableciendo becas y mentorías, y garantizando condiciones de equidad en el acceso a empleos de calidad.
A su vez, destacan la importancia de las redes de mujeres en STEM para desarmar inseguridades, legitimar recorridos y generar oportunidades de inserción laboral. “El talento existe. Lo que faltan son puertas flexibles y ecosistemas inclusivos”, concluyó Kupsch.