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Lafferriere: “Aunque baje la inflación la carestía de la vida continúa golpeando fuerte…”

Lafferriere: “Aunque baje la inflación la carestía de la vida continúa golpeando fuerte…”
infoentrerios.com
  • Publicado el:mayo 14, 2024

El tema de la inflación resume uno de los más graves problemas que viene afectando históricamente a amplios sectores de la sociedad argentina. “Y a pesar de que la mayoría de los gobiernos no se cansan de afirmar su decisión de combatirla, la misma continúa ‘vivita y coleando’ generando, por un lado, daños y perjuicios a millones de víctimas, pero por otro lado garantizando enormes ganancias a un puñado de beneficiados”, afirmó a AIM el contador Luis Lafferriere, impulsor de una cátedra abierta por un Mundo Nuevo.

Lafferriere, que fue profesor de Economía Política en varias universidades durante casi 40 años, entre ellas, la Uner, la UBA y la UNL, y ahora, es impulsor de la cátedra abierta por un Mundo Nuevo, explicó a esta Agencia que: “Es importante entonces aportar elementos que ayuden a una mayor comprensión de este fenómeno, que si bien es complejo y multicausal pueden presentarse grandes líneas explicativas sobre su naturaleza y las posibles causas generadoras”.

En una economía capitalista, “el ingreso que se genera con el trabajo de toda la sociedad se distribuye primariamente en el mercado, a través del mecanismo de los precios. Según el precio que logre cada uno al vender un bien, un servicio o su fuerza de trabajo, esa será la tajada de la torta que le tocará”.

Analizó Lafferriere que: “Los economistas convencionales difunden el relato fantástico de que la mayoría de los mercados funcionan como de “competencia perfecta”, con precios flexibles hacia arriba o hacia abajo en función de la oferta y la demanda, donde cada uno recibe lo que merece en relación a lo que aporta. Es una visión idílica que supone que todos ganan y que nadie debe interferir en su funcionamiento”.

“Porque si bien los precios surgen de la oferta y la demanda, el resultado de la puja está en función del poder de imposición de los distintos actores intervinientes en cada uno de los mercados. Por lo tanto, quienes controlan un mercado determinado (porque son muy pocos o hay uno sólo) imponen el precio según su conveniencia (obvio, para ganar más). Y quien tiene menos poder, debe aceptar esas condiciones, o no realizar la operación. Pero si se trata de personas que deben cubrir sus necesidades básicas, no tendrán otra alternativa que pagar lo que les pidan, con el ingreso que tengan”.

“¿Qué sucede si no les alcanza con lo que ganan? Pues tendrán que renunciar a comprar ciertos bienes y servicios cuyos precios le son inaccesibles. Por más que se trate de bienes esenciales, como alimentos, vestimenta, etc. En tal caso, verán deteriorarse sus condiciones de vida, sin poder satisfacer necesidades elementales, ya que en nuestra economía capitalista nadie regala nada. A esos sectores se los considerará como pobres (si no llegan con sus ingresos a un nivel de ciertos bienes y servicios básicos) o como indigentes (si ni siquiera pueden adquirir los alimentos necesarios para vivir)”, señaló.

Inflación no es lo mismo que carestía de la vida

Ante la pregunta, ¿A qué llamamos inflación?, indicó: “Estamos hablando de un tema tan popularizado, que su significado ya es de conocimiento asumido por casi todos: se trata de un proceso de aumento sostenido y generalizado de precios, donde a la vez se producen cambios relativos en los precios de los diferentes bienes y servicios. Esto último es importante, porque si bien la inflación se refleja en un índice promedio de la totalidad de las variaciones, los precios reales y efectivos de cada uno de los bienes y servicios van a subir más o menos que el promedio, y aún también pueden bajar”.

Dicho en otros términos, “inflación significa siempre alteraciones en la distribución del ingreso vigente, donde no todos pierden. No es que se destruya o se evapore la riqueza, sino que la misma cambia de manos”.

Durante la inflación, entonces, “se produce una fuerte transferencia de ingresos. Los que venden una mercancía, o prestan un servicio, si su precio sube más que el resto, se van a apropiar de una parte mayor del ingreso global; claro que a costa del que debe pagar más por lo que adquiere (que tendrá una pérdida de su poder adquisitivo)”.

Frente a ese incremento generalizado “existen precios en el mercado que habitualmente quedan retrasados respecto del resto. Son los que obtienen los que viven de la venta de su fuerza de trabajo o que reciben ingresos que dependen fundamentalmente del mismo. También en gran medida pierden poder adquisitivo los jubilados, que son condenados a sobrevivir miserablemente luego de haber trabajado toda su vida. Esto significa que una vez desatado un proceso inflacionario, se encarece la vida para muchos que no podrán acceder con sus ingresos menguados a adquirir lo indispensable para su subsistencia”.

En resumen, “si hay inflación y los ingresos de amplios sectores de la población no se mueven al mismo ritmo, se genera una pérdida de su poder adquisitivo y enfrentarán una mayor carestía de la vida. Pero luego, en la eventualidad de que se frene la inflación y los precios se estabilicen, esa carestía de la vida subsistirá para los que perdieron durante la inflación (a menos que sus ingresos se recuperen en el porcentaje antes perdido)”.

La inflación en la Argentina

Luis Lafferriere consignó que: “En la Argentina hemos soportado variadas experiencias inflacionarias, incluidos algunos episodios de hiperinflación (como en 1989 y en 1991). Tuvimos una década de estabilidad (la última del siglo XX), asociada a la ley de convertibilidad, donde se estableció el valor de un dólar muy barato, que operaba de techo o contención de los precios internos (aunque generando por otro lado graves consecuencias negativas económicas y sociales)”.

“Pero sucede que en nuestro país, desde el fin de la convertibilidad de nuestro peso (a principios del año 2002), se desató un nuevo proceso inflacionario que generó pobreza masiva y llevó a situaciones dramáticas a millones de argentinos. Un sector importante quedó sin trabajo (y por lo tanto, sin ingresos), y otro sector que sí trabajaba pero lo hacía con un ingreso totalmente insuficiente (por la caída de su poder adquisitivo)”.

Desde el año 2003 y hasta fines del 2006, “en paralelo a la gran reactivación de la economía, hubo un relativo freno de la inflación y un aumento de la ocupación; pero los ingresos de los trabajadores no pudieron compensar toda la pérdida sufrida antes. Sin embargo, al comenzar a incrementarse la presión y los reclamos por mejorar el poder adquisitivo, la reacción de los sectores empresarios más concentrados (los que tienen el control de los distintos mercados) fue comenzar de nuevo a aumentar los precios. No renunciaban a las superganancias que venían acumulando, aun a costa del sacrificio de toda la sociedad”.

“La inflación, entonces, volvió a ser un gran problema, que el gobierno nacional de entonces intentó ocultar a partir de la burda manipulación de los datos del Indec (organismo del Estado a cargo de llevar las estadísticas de la variación de los precios). Entonces comenzamos a asistir a un período donde el Indec decía que las cosas no subían de precio, pero la gente en la calle tenía que pagar cada vez más por ellas. Y los empresarios aprovechando para decir que no podían subir tanto los salarios si los precios apenas aumentaban (…en los papeles del Indec)”, señaló el economista.

“En ese período que va del 2007 al 2015, cuando finaliza la gestión del gobierno kirchnerista, la inflación se mantuvo rozagante. Y el gobierno no sólo que ignoró la situación con una ausencia absoluta de medidas antiinflacionaria, sino que la negó de manera sistemática y descarada. Los principales responsables de la inflación, las empresas formadoras de precio que dominan los diferentes mercados de la economía argentina, actuaron en zona liberada, garantizando así la continuidad de sus superganancias a costa de los consumidores”.

Pero la inflación también tuvo como gran beneficiado a las arcas públicas, “ya que la mayor parte de la recaudación tributaria proviene de impuestos indirectos, es decir aquellos que se trasladan al precio y lo pagan los consumidores finales. De esa manera, el Estado mantuvo un crecimiento sostenido de los ingresos tributarios en paralelo al aumento de los precios”.

“A su vez, los precios de muchos servicios básicos, incluyendo los que cobraba el Estado por algunos servicios que prestaba, se mantuvieron relativamente estables en ese período. Pero en aquellos servicios que eran prestados por empresas privadas (los servicios privatizados en los años ’90 del siglo pasado por los gobiernos justicialistas), si el gobierno autorizaba menos aumentos que los pretendidos por las empresas, en compensación se les otorgaba gigantescos subsidios (que eran pagados con el dinero de todos los ciudadanos contribuyentes). Los pobres subsidiaban a los más ricos…”.

“En ese nuevo escenario, donde a la inflación de la mayoría de los precios se agregaba la suba de las tarifas de muchos servicios públicos, aparece otro ingrediente que produce un mayor deterioro a la calidad de vida de la gente: el Estado sube tasas e impuestos a mansalva, en porcentajes astronómicos, a un pueblo que ya no puede hacer frente siquiera a sus necesidades elementales. Esto potencia los efectos negativos para los sectores de menores recursos, que quedan muy por debajo de las posibilidades de tener una vida digna, y para amplios sectores medios que se ven empujados de nuevo hacia el tobogán del deterioro de sus condiciones sociales”.

“Era la inflación de la inflación, promovida por los sectores de mayor poder económico, pero también ‘fogoneada’ por el poder político, que en lugar de proteger a los más débiles y de representar los intereses populares, dejó que el zorro se mueva con total libertad en el gallinero del mercado salvaje, y también se dedicó a depredar gallinas (algunas para entregarlas al zorro y otras para ‘consumo’ propio)”.

En el año electoral del 2015 el gobierno intentó ocultar la gravedad de la situación, “no sólo manipulando las estadísticas sino continuando con medidas aisladas y cosméticas que sólo contuvieron parcial y provisoriamente un mayor crecimiento de los precios. Usó el atraso en el valor del dólar para poner techo a la inflación, pero generó con eso graves problemas para el comercio exterior, abaratando las importaciones y perjudicando las exportaciones. Puso los “precios cuidados” que pocos cumplieron, y que abarcaba a un listado de bienes que no eran ni el uno por ciento del total comercializado”.

“Con todo eso, la gestión terminó con un nivel inflacionario de alrededor del 25 por ciento anual. En paralelo dejó como herencia una preocupante carestía de la vida, que mantenía a casi un tercio de la población viviendo en condiciones de pobreza”, consideró.

El gobierno de Macri prometió apagar el fuego (usando combustible)

“El cambio de gobierno generó ciertas expectativas en la población, por la promesa inicial de contener el proceso inflacionario. Habló de que los precios no aumentarían más del 25 por ciento en el 2016 (nivel similar al año anterior)”, afirmó Lafferriere.
“Pero la promesa de una política económica que buscaría mantener la inflación por debajo del 25 por ciento no se vio correspondida por las medidas del gobierno encabezado por Mauricio Macri, que implicaron un fuerte incremento del costo de vida y en consecuencia una fuerte pérdida del poder adquisitivo de los sectores de menores ingresos”.

En realidad, “es posible que en ningún momento haya habido una creencia seria de parte del gobierno de que la inflación iba a ser del 25 por ciento. Pero más allá de que ellos pensaran en el fondo que la inflación podía llegar al 40 por ciento o más, no lo iban a decir, ni ese ni otro gobierno, porque se generarían reclamos por ajustes salariales mayores a los deseados oficialmente y por las empresas. Las declaraciones de Alfonso Prat Gay luego de medio año de gestión, corriendo la meta inflacionaria inicial del gobierno para marzo de 2017, eran un reconocimiento de que la suba de precios estaba lejos de amortiguarse”.

“Las causas que llevaban a índices tan altos de inflación tienen que ver con la conducta de los sectores formadores de precios que venían presionando permanentemente para aumentar sus ganancias a partir de subas constantes y significativas. Pero además están vinculadas a la estructura económica argentina, que sufre de manera cíclica una la falta de divisas que conduce a la devaluación del peso (y con ella a la inflación). A partir de esa medida devaluatoria es que se producen aumentos generalizados sin otras medidas que amortigüen el impacto: normalmente, si no hay mecanismo de compensación, ganan los formadores de precios y pierden los asalariados y las pequeñas empresas”.

“Pero no fueron sólo los efectos derivados de la devaluación dispuesta inicialmente por Macri los que dispararon la escalada de precios. Hubo medidas adicionales a la devaluación y al abuso monopólico del mercado que profundizaron esa tendencia, como lo fueron los aumentos de combustibles, tarifas e impuestos”.

Entonces, “era utópico pensar que la misma se iría a mantener igual en el año siguiente (2016), si se devaluaba el peso en relación al dólar en un 50 por ciento, además de disponerse de fuertes incrementos en el precio de los combustibles (que se trasladan al grueso de las mercaderías transportadas), y de subas exorbitantes en las tarifas de servicios de agua, luz y gas (pagadas tanto por consumidores finales como por empresas que se ven directamente impactadas por el aumento de sus costos)”.

Los años siguientes continúan con las mismas complicaciones. “Y aunque los índices inflacionarios se atemperaron, eso por sí sólo no significaría que mejoren las condiciones de vida de la población. En primer lugar, porque esa menor suba de precios ocurre como consecuencia de la caída del consumo global, ocasionada por una disminución del poder adquisitivo de la mayoría de la sociedad. Y en segundo lugar, porque si los ingresos de esos sectores mayoritarios no se actualizan de acuerdo a la inflación pasada, se consolida el deterioro real y el menor poder de compra”.

“La continuidad de la inflación durante el gobierno siguiente, de Fernández y Fernández, mostraba un rasgo inherente al modelo económico-social que se despliega en la Argentina a lo largo de este siglo XXI: los sectores más concentrados se resistían a que los trabajadores recuperaran su poder adquisitivo, con el simple expediente de subir los precios, y el Estado fue legitimando esa conducta porque también ganaba por la mayor recaudación. Sólo que a finales de esa gestión, para evitar saltos tan bruscos en los precios, el gobierno fue adoptando algunas medidas provisorias que significaban meros parches para llegar mejor a las elecciones. Eso no evitó que igual perdieran y que se fueran con una inflación mensual que superó el 12 por ciento en noviembre del año pasado”.

“El actual gobierno dinamitó todo, potenciando las causas generadoras de la inflación, dejando totalmente libre la fijación de los precios a las grandes corporaciones y disponiendo medidas adicionales que provocaron un brusco salto en los indicadores (devaluación de más del 100 por ciento, suba de tarifas, de combustibles, de impuestos, etc.)” señaló.

“Desde entonces, vivimos una elevada inflación que rozaba las condiciones de un nuevo proceso hiperinflacionario, que sirvió para asustar a la población, para que aceptara de manera pasiva las drásticas medidas de ajuste que recaen sobre los sectores mayoritarios y más vulnerables”.

2Luego de algunos meses donde los índices inflacionarios no crecen tanto como al principio, el gobierno intenta hacernos creer que es exitoso. Sin embargo, caben dos observaciones. Una, que existen elementos que están siendo contenidos artificialmente, como el valor del dólar oficial y demoras en los nuevos aumentos que vendrán de tarifas y combustibles, que hace prever que el monstruo está vivito y coleando, y puede reaparecer con más fuerza en el futuro. Y la otra, que el proceso se hace a costa de una brutal agresión al poder adquisitivo de los sectores mayoritarios, que ha generado una fuerte caída del consumo popular y de las ventas de las empresas que dirigen su producción al mercado interno”.

“No obstante, aun llegado el caso imposible y extremo que luego se frenara la inflación, el problema de la carestía de la vida de millones de argentinos continuaría vigente”.

Resumiendo estas reflexiones sobre la inflación

Este proceso de aumentos generalizados de los precios “implica una transferencia de ingresos desde sectores mayoritarios hacia un reducido núcleo de grandes empresas. Pero además, las corporaciones cuentan con un socio importante, que es el Estado, que permite y hasta promueve esos aumentos, ya que de la mano de la inflación vienen los aumentos de la recaudación de los impuestos”.

¿Por qué se produce la inflación? “Por varias causas vinculadas a la estructura económica y a las políticas públicas”.

Lafferriere señaló que: “Por un lado, la ya mencionada estructura concentrada de los mercados, donde un pequeño número de grandes empresas (las formadoras de precios) imponen los aumentos y de esa manera se quedan con la mayor parte de la torta. Por otro lado, las medidas tomadas por el gobierno de las subas significativas de impuestos, tarifas y precios de combustibles, que implican en conjunto un fuerte impacto sobre el conjunto de los precios de la economía. Y en tercer lugar, de manera periódica, las devaluaciones de nuestro peso en relación al dólar producen un salto inflacionario que “remueve el avispero” y reanima la puja distributiva, donde normalmente son siempre los mismos quienes ganan y quienes pierden”.

“Sólo que la grave situación social a la que llegamos, y la pérdida por paliza de amplias franjas de la población en esta puja distributiva, augura reacciones por parte de quienes se verán cada vez más imposibilitados de cubrir sus necesidades básicas. Y si bien las soluciones de fondo demandan cambios estructurales que llevarían tiempo, no se advierten intenciones en ese sentido en las actuales políticas, sino más bien apuntan a continuar con más de lo mismo”.

“Horizonte más que preocupante para una sociedad que tiene todo para vivir dignamente, pero que no logra frenar los proyectos de saqueo y depredación que impone el poder dominante en la Argentina”, concluyó.



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